El kéfir tiene su origen hace miles de años en las montañas del Cáucaso, una región famosa por la longevidad de sus habitantes. Las tribus nómadas de la zona descubrieron que, al guardar la leche en odres de cuero, esta fermentaba gracias a unos nódulos o "granos" especiales, convirtiéndose en una bebida potente y refrescante.

Durante siglos, estos granos fueron considerados un secreto sagrado y un regalo de salud que se transmitía de generación en generación. Se decía que el kéfir era la fuente de la fuerza de los guerreros y la salud de los ancianos. Fue apenas a principios del siglo XX cuando este secreto salió de las montañas para ser estudiado por la ciencia, revelando que es uno de los alimentos más complejos y beneficiosos que existen.